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17 militares muertos en el accidente de un MI-17 del Ejército de Colombia

El Ejército Nacional de Colombia ha confirmado que no hay supervivientes en el accidente de un helicóptero MI-17 de fabricación rusa y matrícula EJC 3393. El aparato realizó el 26 de junio pasadas las 2 de la tarde hora local un último reporte a 35 millas al Norte de Mariquita, en el departamento del Tolima. Estaba efectuaba misiones operacionales y se desplazaba en la ruta Quibdó – Tolemaida.

La Fuerza activó entonces todos los protocolos correspondientes para lograr localizar la aeronave y a los militares,  instalando un Puesto de Mando en el municipio de Mariquita para, desde ahí, coordinar y realizar  todo el esfuerzo de búsqueda. Ayer se encontró, finalmente, el helicóptero, en la vereda San Daniel del municipio de Pensilvania, en el departamento de Caldas. Según informó el Ejército Nacional, “las primeras hipótesis señalan que el accidente podría estar relacionado con el mal tiempo en la zona, pero serán los especialistas en confirmar o desvirtuar esta suposición”. Junto a la tripulación viajaba en el Mi-17 un equipo de la Compañía de Salvamento y Rescate en Combate (C-SAR). Se trata del peor accidente de aviación militar que se registra en Colombia en el último año después de que 16 policías murieron en agosto cuando el helicóptero UH-60 Black Hawk de fabricación estadunidense se estrelló en una zona selvática del noroeste del país durante una operación contra el narcotráfico.
Helicópteros en el Ejército de Colombia
La compleja geografía de Colombia demandó rápidamente de medios de ala rotatoria para hacer frente a la guerrilla de las FARC. En los años 90 se producía un cambio en los procedimientos y la táctica seguida por el Ejército, los grupos tácticos se basarían ya no en el apoyo de vulnerables bases fijas en mitad del terreno, sino en el rápido despliegue operacional de fuerzas. Para esto se necesitaba imperiosamente que pudieran desplazarse con rapidez y seguridad por las áreas de operaciones, cosa que en Colombia es extremadamente difícil ya que la comunicación por vía terrestre es limitada. Si hablamos de las zonas de influencia guerrillera más fuerte, que son el Oriente, Suroriente, Sur del país y la zona selvática del Occidente/Suroccidente, encontramos que las vías son casi inexistentes, el terreno es quebrado, montañoso, pantanoso y/o selvático, por lo que debe descartarse el despliegue por carreteras. 
La solución lógica al problema fue incrementar la cantidad de helicópteros y de fuerzas heliportadas. En Colombia se entendió que detener la actividad de los grupos guerrilleros pasaba por la adquisición de nuevos equipos que estuvieran adscritos de forma permanente al Ejército, ya que los helicópteros con los que contaba la nación hasta el momento estaban adscritos por norma a la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), por lo que la disponibilidad de las naves para el transporte de personal y equipo de las fuerzas del Ejército debía pasar por una larga cadena, de mando que muchas veces entorpecía estas labores de apoyo. Es así como Colombia adquiere lo que sería el inicio de sus nuevos caballos de batalla, los UH-60 Black Hawk de asalto y los mil Mi-17 de transporte pesado.


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