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El gobierno colombiano y las FARC dieron por finalizadas las negociaciones de paz

El gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), culminaron las negociaciones de paz luego de cuatro años de diálogos en La Habana, Cuba. Los puntos que se encontraban pendientes eran los referidos a la amnistía de los guerrilleros desarmados y el mecanismo con el que se garantizaría la participación política de las FARC. Con anterioridad, se había alcanzado consenso en los otros cinco temas de la agenda: tierras y desarrollo rural; participación política; cultivos ilícitos; víctimas y fin del conflicto. Además, ambas partes acordaron los municipios en los que se priorizará la inversión del posconflicto. Sin embargo, el anuncio de la finalización de las negociaciones no supone la firma del acuerdo. Queda pendiente que el mandatario envíe al Congreso el texto definitivo del Acuerdo de Paz y de esa manera poder convocar posteriormente a un plebiscito.

La noticia sobre el término de las negociaciones de paz es un hecho histórico. Luego de intensas reuniones entre los principales integrantes de las delegaciones del gobierno colombiano y de las FARC, se pudo llegar a consenso sobre los puntos de la agenda de negociación. Sin embargo, deben ser rigurosos en señalar que este hecho no supone la firma del acuerdo. De esta manera, la noticia debe tomarse con cautela y tener en cuenta los asuntos que quedan pendiente, tanto a corto como a largo plazo.

El desafío principal que presenta el Acuerdo de Paz a corto plazo es que, una vez que se llegue a una firma, debe ser aprobado a través de un plebiscito. Sin embargo, el país se encuentra en posiciones notoriamente extremas. El liderazgo de la campaña del “No” lo tiene el ex Presidente Álvaro Uribe, quien, dentro de diferentes argumentos, sostiene que no es posible aceptar los acuerdos, debido a que otorga plena impunidad de los guerrilleros. Pese a esto, el gobierno ha mantenido su postura firme por el “Sí” y tiene como principal tarea convencer a la ciudadanía de los efectos positivos que lleva consigo el Acuerdo de Paz. De esta manera, el pueblo colombiano decidirá, en una fecha no establecida aún, el futuro de la paz para su país.

Otro reto que enfrenta el gobierno a largo plazo es el referido a la implementación del acuerdo, ya que para esto se necesitará una gran cantidad de fondos, además del fortalecimiento de las Fuerzas Militares y de la Policía con el fin de resguardar la seguridad en el territorio. De esta manera, el gobierno deberá considerar la mayor presencia de estos funcionarios para que se desplieguen en los territorios en que se concentraban con anterioridad las FARC y donde permanecen otros movimientos guerrilleros (como el Ejército de Liberación Nacional), así como las Bandas Criminales (BACRIM) que aún perpetúan ataques y secuestros. El posconflicto no asegura la concreción de la paz definitiva, y por eso es necesario tener en consideración la presencia y posibles ofensivas que puedan cometer estos grupos subversivos. Esto obliga a que el Estado invierta más recursos en la seguridad del país para que las fuerzas de orden público puedan enfrentar de mejor forma las nuevas amenazas que se presentarán en el posconflicto.

Por último, uno de los puntos más importantes para el posconflicto es el referido al cese al fuego bilateral y el desarme de los guerrilleros. Pese a que ya se constituyó una misión política a cargo de la Organización de las Naciones Unidas, que contemplará diferentes observadores no uniformados para la verificación del cese al fuego, estos se encontrarán expuestos a este clima de violencia. Lo que requiere estar en alerta constante y en definitiva comprender que la implementación del Acuerdo final de Paz será un proceso paulatino para efectuar el término del conflicto armado. (Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra de Chile)


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