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Entrevista a Julián García Vargas, Presidente de TEDAE

"Si se apostara por la concentración entre empresas españolas (aunque es un poco tarde), la participación de EADS Cassidian y de alguna otra multinacional, ayudaría a la proyección internacional"

“En España queda recorrido hasta disponer de una estructura de apoyo como la que tienen Francia o Reino Unido, con plataformas específicas para la exportación de defensa y seguridad”


“Nuestra estrategia del sector defensa ha quedado anticuada, optando por empresas cabecera de los campos naval, terrestre y aéreo, separadas entre sí, en lugar de apostar por integrar capacidades y compartir tecnologías.”

“Me produce recelo que la industria de defensa, que siempre estuvo en el ámbito intergubernamental, se haya incluido en el ámbito comunitario que controla la Comisión de la UE. Esta industria no es como la del automóvil o la siderurgia.”

 

Ex Ministro de Defensa, responsable en la década de los noventa de la reforma del servicio militar y del reordenamiento territorial de las Fuerzas Armadas españolas, enviado Especial de la Unión Europea a Bosnia para la supervisión de los acuerdos de paz de Dayton, en posesión, entre otras, de la Gran Cruz del Mérito Militar de España y presidente de AESMIDE hasta su llegada a la Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Aeronáutica y Espacio (TEDAE)… El economista Julián García Vargas es, sin duda, uno de los grandes expertos de la Defensa en España.

 

TEDAE ve la luz como asociación en febrero del 2009, dos años y medio de vida que han coincidido con una situación económica tremendamente complicada. Haciendo balance, ¿cuál ha sido el gran rol de TEDAE como ente aglutinador y representativo en pro de los intereses de la industria de defensa y aeroespacial en estos tiempos tan convulsos?
Efectivamente, TEDAE no nació en un momento económico favorable, pero quizá ello ha contribuido a su rápida consolidación. TEDAE ha mejorado la capacidad de interlocución, nacional e internacional, que tenían las dos grandes asociaciones precedentes. También ha contribuido a que la industria aeronáutica y la de defensa se entiendan mejor en sus dos dimensiones más relevantes: la tecnológica y la exportadora.


En un momento en que el sector empresarial español debe mirar necesariamente al exterior para asegurar su supervivencia, ¿cuáles son en su opinión los activos de la industria de defensa española y sus grandes carencias para lograr la necesaria competitividad?
Las empresas españolas adolecen más de tamaño limitado que de capacidad tecnológica. Tenemos ejemplos de éxito en especialización de producto, en capacidad de integración y en especialización por nicho. Los ejemplos de Navantia, Indra o Sener lo prueban y hay muchas otras empresas medianas de gran calidad. En su conjunto, las empresas de TEDAE exportan aproximadamente el 50 por cien de su facturación, con tendencia a seguir aumentando. Es muy meritorio, teniendo en cuenta que la elevada cotización del euro no ayuda nada desde hace bastantes años. Por otra parte, hay que considerar el gran peso que tienen en TEDAE multinacionales importantes como EADS y General Dynamics, cuya producción se orienta hacia grandes proyectos internacionales.


¿Cree que se ha concertado adecuadamente con la empresa nacional  el apoyo a la exportación por parte del Ministerio?
El Ministerio de Defensa ha sido siempre un gran apoyo para la exportación y esto se ha reforzado con la oficina de apoyo CIDIS, encargada a ISDEFE. En los últimos años se ha mejorado mucho y lo agradecemos. Sin embargo, queda recorrido hasta disponer de una estructura de apoyo como la que tienen Francia o Reino Unido, con plataformas específicas para la exportación de defensa y seguridad en las que participan los Ministerios de Exteriores, Industria, Tecnología, además de Defensa e Interior. Por otra parte, España no saldrá del todo de su crisis de endeudamiento hasta que no equilibre su balanza de pagos. Lamentablemente el esfuerzo político en esa dirección es insuficiente. Basta el ejemplo de la reducción del presupuesto del ICEX para 2011, justo cuando más falta hace. Induce a la melancolía que en España, desde hace tiempo, no se apoye a la industria en general como se merece. En eso también deberíamos aprender de Alemania o Francia. Nunca cambiaremos el modelo económico si no se impulsa el sector industrial y se sigue mirando hacia lo inmobiliario con nostalgia o se sigue poniendo el énfasis en infraestructuras. No obstante, quiero agradecer el respaldo, tanto de Defensa como de la Secretaría de Estado de Comercio, que siempre nos tienen en cuenta. Mis reflexiones sobre política industrial y de impulso a la exportación se dirigen más arriba.


Insistentemente se ha hablado de la necesidad de reconducir la atomizada estructura de la industria española, apostando por la creación de un gigante nacional en el sector de la defensa, como así ha ocurrido en otros países de nuestro entorno. ¿Qué razones justifican el que esto no se haya producido en España, qué parte de responsabilidad tienen en esta situación las instituciones públicas y cuál sería achacable a la propia industria?
Le responderé con cuidado para evitarme problemas. En primer lugar, en España no hemos tenido empresas de tamaño similar al de nuestros socios europeos y nuestro hipotético campeón nacional tendría una dimensión mediana comparada con gigantes como BAE Systems, Finmeccanica o Thales. En segundo lugar, esos gigantes siempre han sido resultado de la iniciativa política. Así ocurrió en Estados Unidos en los años noventa, con las fusiones que dieron origen a Lockheed-Martin o General Dynamics, y no digamos en Europa. En nuestro Continente, Finmeccanica o Thales son resultado de un proceso de convergencia de empresas públicas y privadas, hasta llegar a conglomerados dónde el Estado conserva una participación decisiva, aunque cotizan en bolsa. Ese proceso, tutelado por los gobiernos, ha sido progresivo y se ha mantenido en el tiempo, al margen de los cambios de mayoría parlamentaria. En España nos ha faltado esa visión industrial y esa ambición de país. Nuestra estrategia del sector defensa ha quedado anticuada, optando por empresas cabecera de los campos naval, terrestre y aéreo, separadas entre sí, en lugar de apostar por integrar capacidades y compartir tecnologías. No obstante, tenemos algunas ventajas. Nuestras capacidades en el sector aéreo están integradas en una gran multinacional europea, como EADS, con las garantías que eso aporta. Si se apostara, como es necesario, por la concentración entre empresas españolas, aunque es un poco tarde, la participación de EADS Cassidian y de alguna otra multinacional, ayudaría a la proyección internacional.


¿Cuál es entonces la responsabilidad de las propias empresas?
Es menor que la política, aunque existe. Hace ya tiempo que sabemos que nuestras empresas deben concentrarse, por arriba y por abajo en cuanto a tamaño. En TEDAE observamos que esa tendencia se ha reforzado y están en marcha varios procesos de fusiones y adquisiciones entre empresas medianas y pequeñas. También se están organizando agrupaciones de empresas para colaborar mejor con grandes multinacionales, como EADS, y ofrecer mejores servicios a los cuarteles generales. No obstante, los competidores apremian y deberíamos ir más deprisa.


La actual situación de crisis y recortes presupuestarios, sumada a la millonaria deuda del Ministerio de Defensa, dibuja un panorama a futuro poco esperanzador, aún en la siguiente legislatura. ¿Cómo podrá sortear la industria de defensa nacional esta situación y cuál es su pronóstico?
Las empresas saben muy bien que en los próximos años deberán esforzarse en exportar. Ese esfuerzo hay que respaldarlo desde la política de adquisiciones de Defensa, precisamente porque los nuevos proyectos serán escasos. Los cuarteles generales, los cuerpos de seguridad y los ministerios de Defensa e Interior no deberían adquirir ningún sistema nuevo que no pueda exportarse. Eso significa apostar por las empresas con experiencia y capacidad para vender fuera, lo que exige también garantía de calidad, estando en posesión de la PECAL. Si para ello hay que incentivar que varias empresas se unan en la oferta, habrá que hacerlo. Por otro lado, todos tenemos que apostar por el mantenimiento y la modernización. En un periodo largo, de varios años, no habrá muchas adquisiciones de grandes plataformas y sistemas. Las recientemente adquiridas son excelentes y estarán en servicio mucho tiempo y habrá que aplicarles un sostenimiento más completo y continuo de lo que ha sido habitual hasta ahora.


¿Qué consecuencias tendrá para la industria española la Directiva europea sobre contratación pública en los ámbitos de la seguridad y la defensa?
Ya veremos, pero de entrada no jugamos todos con las mismas cartas: los gigantes como Thales o Finmeccanica tienen una importante participación del Estado y eso no deja de ser una ventaja para financiarse en los mercados y competir mejor. Lo importante es que tengamos clara nuestra lista de capacidades industriales estratégicas, que se excluyen de la aplicación de la Directiva. Para las empresas de TEDAE esa lista es vital. De ella debe derivarse unos objetivos realistas de estrategia industrial y de I+D, identificando dónde queremos ser fuertes de verdad. Por último, me produce recelo que la industria de defensa, que siempre estuvo en el ámbito intergubernamental, se haya incluido en el ámbito comunitario que controla la Comisión de la UE. Esta industria no es como la del automóvil o la siderurgia. Tiene que ver con la soberanía y los problemas estratégicos de cada nación. Por ejemplo, la industria naval militar siempre tendrá más peso en España que en un país de la UE con poca costa marítima.


A semanas de las elecciones, ¿qué espera TEDAE de la nueva gestión gubernamental de Defensa?
Que afronte con prontitud y acierto los problemas financieros del Ministerio de Defensa, que están recayendo sobre las empresas de TEDAE en forma de retrasos en los pagos. También que acierte en el apoyo a la exportación, al sostenimiento y a la concentración empresarial. Y, por supuesto, que defienda ante la Comisión de la UE la lista de capacidades industriales estratégicas que España debe tener.


Nuestro grupo de comunicación acumula una trayectoria de 33 años de edición, en la que hemos sido testigos de los profundos cambios habidos en los escenarios de conflicto y en los últimos años la, en muchas ocasiones, apresurada adaptación de los programas de equipamiento de defensa a esos cambios. En su opinión, ¿cuáles serán los escenarios de conflicto del futuro y las grandes demandas de equipamiento que acarrearán?
No creo que en esta década volvamos a ver operaciones de la envergadura militar y presupuestaria de Irak o Afganistán. Habrá conflictos de alcance limitado, pero se tenderá a resolverlos de forma más quirúrgica, véase Libia, con mayor implicación de efectivos locales o regionales y menos contingentes internacionales. Exigirán medios sofisticados, pero en menor cantidad. España deberá seguir participando en misiones internacionales, aunque midiendo bien su compromiso temporal y su coste presupuestario. La logística y la proyección de fuerza y medios, los helicópteros, CUISTAR, UAV y los vehículos blindados ligeros, entre otras, serán muy relevantes.


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