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Submarino ARA San Juan: La hora de buscar culpables

Mientras los días pasan, una flota de aviones y buques prosigue la búsqueda del submarino ARA San Juan dando pie a un espectáculo pocas veces visto en el que más de once naciones aúnan esfuerzos con un solo objetivo, hallar al navío siniestrado. Reunidos elementos sofisticados de la más diversa procedencia, ahora se genera hasta una competencia por quien lo encuentra primero. EEUU y Rusia encabezan la liza tecnológica, a la que no son ajenos británicos, franceses y hasta hoy mismo se incorporan los canadienses con expertos en la lucha submarina,  que han arribado al sur del país. En las esferas navales se comenta que estamos ante la reunión tecnológica y operación de rescate más importante de la historia internacional.

Pero la dificultad en hallar al submarino indica que, aun apelando a toda la parafernalia científica y técnica del primer mundo, no es tan fácil la situación y encontrarlo se está volviendo una obsesión para todos , desatándose una carrera sobre la supremacía tecnológica de unos  sobre otros. Casi cuatro mil hombres y un sinfín de medios técnicos buscan afanosamente en las peligrosas aguas del Atlántico Sur al navío perdido, búsqueda que se convierte en dramática a medida que pasan las horas. La visión de poderosos medios científicos y el trabajo mancomunado de hombres de diversas nacionalidades, es impresionante. Se trabaja a destajo en difíciles condiciones climáticas, que han complicado todas las labores, modificándose buques para poder acondicionar elementos de rescate en tiempo record y sin descanso. Sera motivo de otros comentarios la discusión sobre la eficacia de estos tan sofisticados elementos y equipamientos, el resultado práctico lo veremos, si la providencia lo permite, en tiempo próximo.

Con lo que ya puede afirmarse como una tragedia naval y en medio de innumerables supuestos causales  de la misma, el gobierno de Mauricio Macri inicia un proceso judicial que requiere de culpables a los que lanzar al fuego del averno. Como todo político, al fin y al cabo el Ingeniero Macri se ha convertido en uno, debe hallar en quien deslindar  las responsabilidades de un hecho que conmueve a la opinión pública. Los argentinos han visto pasar muchas desgracias sin gran conmoción,  pero la desaparición de este navío y las circunstancias que rodean a la tarea de salvataje golpean fuertemente aun a los más curtidos.

La apertura inevitable de un sumario administrativo  para investigar lo ocurrido y, fiel al estilo nacional, la creación de una comisión técnica de expertos, es el comienzo de un tiempo judicial que avizora mucho espacio en los medios periodísticos  y en los tribunales. El silencioso ministro de la Defensa, Oscar Aguad, y lo decimos porque no ha abierto la boca ni se presentó al frente de la situación, ordenó preservar toda la documentación y las comunicaciones referidas a los últimos contactos del capitán del buque con el comando respectivo. En las oficinas del MINDEF están convencidos que una de las causas de la tragedia es la corrupción en los contratos  de mantenimiento y reparación efectuados en el ARA San Juan y otras durante la administración kirchnerista y que podría haber incidido notablemente, o no,  en esta catástrofe. 

Sabido es que el deterioro de las Fuerzas Armadas es estructural y viene de varias décadas, profundizándose en los últimos años, pero tampoco las  supuestas deficientes labores de reparación, que deberán ser investigadas judicialmente y técnicamente,  eliminan las responsabilidades fácticas de los hombres del gobierno actual, puesto que esta Administración lleva dos años en el poder y más allá de algunos anuncios  hasta ahora no cumplidos, no se vislumbran muchas mejoras.

La dirección de asuntos legales de la cartera de Defensa ya tomó cartas en el tema para iniciar un sinfín de sumarios internos, que seguramente dará con la cabeza de muchos uniformados y pocos funcionarios. Aunque el presidente Mauricio Macri indica que no es hora de buscar culpables, porque lo importante es hallar al submarino ahora, lo que muchos especialistas ven muy difícil si el navío se encuentra a gran profundidad, ya estaría sellada la suerte de la cúpula de la fuerza naval que en cualquier momento pasaría a retiro, aunque se esperaría algún tiempo para proceder al efecto.

La ausencia publica del Ministro de Defensa, fuertemente criticado por sus evidentes carencias sobre la especialidad de su cartera, dejando solo la comunicación institucional sobre este terrible hecho en manos de un jefe de prensa de la ARA y unos simples comunicados, no demuestran un manejo eficaz del tema, aunque la foto del Presidente con Aguad se presenta como un respaldo del primer mandatario hacia su ministro.  Las principales figuras del gobierno mantienen, prudentemente, silencio sobre el asunto y el mismo Mauricio Macri  visitó a los familiares de los tripulantes en la Base Naval de Mar del Plata, asiento natural de la flota submarina, comunicándose cara a cara con los dolientes parientes, lo que fue tomado positivamente por la población, pese a  que en dicha reunión fue cuestionado por algunos  familiares ante la desinversión evidente en  la materia por tanto tiempo.

Tengamos en cuenta que la opinión pública tiene la tendencia de buscar culpable de muchos hechos, que sin pruebas técnicas ni jurídicas en mano, pueden parecer inexplicables. Múltiples especulaciones rodean este hecho, los medios de comunicación masivos tratan a toda hora las pocas alternativas conocidas y las pantallas son  ocupadas por técnicos, marinos, seudoespecialistas y todo aquel ávido de conocimiento público.

Aunque ya la Justicia Federal inicio una causa por la desaparición del ARA San Juan, en una ciudad patagónica donde se asienta un tribunal federal jurisdiccional, no hay qué informar por el momento, ya que al no encontrarse el buque no puede saberse que paso realmente, el MINDEF toma sus recaudos y acelera la creación de una comisión técnica integrada por marinos retirados, peritos técnicos navales e ingenieros, a la vez que se informa que la investigación administrativa del ministerio rastrea el pasado, donde ya existieron causas referentes a las anomalías registradas en varias licitaciones y contratos concernientes a las reparaciones y mantenimientos de los navíos de la fuerza naval.

Ya años atrás,  se habían detectado denuncias sobre facturaciones y precios artificialmente incrementados  en los trabajos realizados en astilleros nacionales. Sospechosamente, o no tanto, quienes realizaron las denuncias, en aquellos lejanos años de 2007-8,  concluyeron rápidamente sus carreras y fueron apartados, a la vez que las causas fueron cerradas por jueces adictos al gobierno del momento.  Otras  causas siguen en los penumbrosos archivos de la Justicia, tan oscuros como las profundidades donde estará el buque siniestrado.

Aunque la oposición política pide la presencia del ministro del área en los salones del Congreso Nacional para explicar la situación, lo que no ha  sucedido hasta el momento, tal comparendo es expresado suavemente, ya que quienes  lo piden son los mismos que estaban al frente del Estado Nacional  tiempo atrás y tenían graves responsabilidades en el área. Muchos de los causantes de la debacle de la Defensa Nacional, de la falta de inversión, que hemos expresado por lustros en nuestra publicaciones, viven magníficamente con sus dietas y puestos públicos.  Porque la desgracia del ARA San Juan no es la única, por años cayeron aviones y helicópteros, perdiéndose valiosos aviadores y tripulantes, al extremo que se han perdido más aeronaves en los años de la democracia que en plena guerra de Malvinas. También  se han producido incidentes y accidentes por fallas relativas a municiones defectuosas y anticuadas,  al igual que numerosos accidentes por elementos rodantes en pobres condiciones. 

Son muchos los uniformados que jalonaron la lista de bajas en tiempo de paz por razones extras y ajenas a lo peligroso  de su profesión u actividad.  En las próximas jornadas, aparecerán todo tipo de elucubraciones  sobre las posibles causas de la desaparición del navío, múltiples críticas hacia todos lados surgirán vehentemente  de  los circuitos políticos, sospechosamente silenciosos en estos instantes.

Asimismo, empieza a  plantearse livianamente la necesidad de la existencia de las Fuerzas Armadas, algunos con aviesa intención indican que si no se puede mantener adecuadamente o realizar las inversiones requeridas para las actualizaciones necesarias, es mejor disolverlas o disminuirlas a su mínima expresión. Estas expresiones llegan de los mismos sectores políticos que degradaron a las instituciones, pauperizándolas con elementos obsoletos, ineficientes y peligrosos, aniquilando proyectos interesantes, además de estigmatizarlas profundamente por lustros.

El país está completamente inerme, con fronteras permeables a las cuales acceden los narcotraficantes y criminales de toda laya y color, un mar invadido a diario por flotas extranjeras que depredan impunemente la riqueza ictícola.  La garantía de la soberanía y la integridad del territorio nacional y de una política exterior importante se apoya en la existencia de unas instituciones castrenses poderosas, dinamizadoras e  integradas. Está claro que la problemática de las Fuerzas Armadas es un tema pendiente de la democracia argentina.

Los heroicos  tripulantes de este buque son víctimas reales de lo que tantas veces expresamos en nuestras páginas, de la existencia de una sistemática política de destrucción de la las instituciones castrenses y de todo aquello que oliera a un uniforme, al mismo tiempo que sus presupuestos fueron utilizados para favorecer  a elementos políticos y partidarios, tan oscuros como los abismos que contienen al  noble ARA San Juan. (Luis Piñeiro, corresponsal de Grupo Edefa en Argentina)

Fotografías:
·El presidente Mauricio  Macri su ministro Oscar  Aguad y el jefe de la Armada Srur.
·El puerto de Comodoro Rivadavia parece una base internacional.
·El silencioso ministro Oscar Aguad.


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