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Una apuesta regional para la solución del conflicto somalí. El papel de AMISOM

Por Alberto González Revuelta

La especial ubicación de Somalia ha tenido a lo largo de la historia una gran influencia en todos los órdenes de la vida del país. Esta situación, en una especial encrucijada entre África y Oriente Medio, ha hecho que en esa zona confluyan importantes intereses de carácter estratégico. En la actualidad ello se traduce en que por una parte, el país se encuentra envuelto en un sangriento conflicto interno, como resultado de una pugna  interna de clanes y por otra está sujeta a factores exógenos como son, por un lado, los intereses de los países limítrofes del Cuerno de África y, por otro, que se haya convertido en una pieza clave del tablero internacional, al estar involucrada en la lucha global yihadista y, sobre todo por la amenaza que supone al comercio internacional las acciones de piratería, que desde ese país se producen sobre las líneas de comunicación marítimas.

Esta situación interna, se ha traducido en más de dos décadas de luchas y destrucción interna, que junto a la capacidad de desestabilización que tiene a nivel regional la participación activa en la lucha yihadista (ejemplo de ello, el reciente atentado Nairobi del 21 de septiembre), han tenido como consecuencia una tremenda migración interna y externa, que ha desarticulado el tejido social y productivo, así como unas situaciones de hambruna y de riesgo sanitarios desconocidas en el resto del mundo. Somalia es, por tanto, considerado como un Estado fallido en la medida que no tiene la capacidad de gobierno necesaria para regularizar la vida política y social del país, y asimismo carece de las fuentes de ingresos que le procuren una sostenibilidad suficiente. En la actualidad la fuente de riqueza principal del país es la de los aportes de la diáspora que según estimaciones supone un billón de dólares anuales.

A la vista de la situación de gran peligrosidad e inestabilidad en la zona, así como a las tremendas catástrofes humanitarias creadas, se entiende que la comunidad internacional haya llevado a cabo diversas iniciativas con el fin de conseguir la estabilización de la zona.

Los intentos internacionales para la solución del conflicto

Con el derrocamiento del dictador Siad Barre en el año 1991 se desató una violenta contienda entre los distintos clanes para hacerse con el poder, fundamentalmente en el centro y sur del país, dado que Somaliland y Puntland fueron capaces de mantener un cierto orden y control en la zona norte. Ante esta situación interna la Organización de las Naciones Unidas respondió autorizando el despliegue en abril de 1992 de una misión de mantenimiento de la paz, de carácter limitado, denominada Operación de la ONU en Somalia I (ONUSOM I). La condición de limitada se debió a la restricción existente en cuanto a la posibilidad de uso de la fuerza, que fue restringida a su empleo exclusivo en defensa propia.

Desde el principio de dicha operación quedo manifiesta su clara incapacidad para gestionar el conflicto, con el consiguiente peligro de empeoramiento, de la ya de por sí catastrófica situación  humanitaria. Para intentar subsanar la situación los Estados Unidos decidieron lanzar la operación Restore Hope, liderando una coalición militar, que fue desplegada en diciembre de 1992, bajo la denominación de UNITAF (Unified Task Force) con la finalidad de crear una situación de seguridad  que permitiese la realización de las operaciones humanitarias en el centro y sur del país. Además de fuerzas norteamericanas había contingentes militares aportados por Australia, Bangladesh, Bélgica, Botsuana, Canadá, Egipto, Francia, Alemania, Grecia, India, Irlanda, Italia, Kuwait, Marruecos, Nueva Zelanda, Nigeria, Noruega, Pakistán, Arabia Saudí, Suecia, Turquía y Reino Unido. Dicha acción fue eficaz y consiguió restaurar hasta cierto grado el orden y solucionar parcialmente la tremenda situación de hambruna existente. Por ello a mediados de 1993, la mayoría de las tropas norteamericanas abandonaron el país y la coalición fue sustituida por una nueva misión de las Naciones Unidas, conocida como ONUSOM II. Esta situación fue aprovechada por los líderes locales de los distintos clanes para iniciar una serie de acciones contra dichas fuerzas internacionales, así como contra  las fuerzas norteamericanas, que aún quedaban en la zona. En 1994 se retiran las fuerzas de Estados Unidos y en marzo de 1995, la ONU decidió hacer lo mismo con las suyas, sin haber solucionado el conflicto ni haber sido capaz de  reconstruir el Estado somalí.

Durante, prácticamente la siguiente década se produjo una  ausencia casi total de la comunidad internacional en Somalia, con el consiguiente derrumbe económico y social del país.

En marzo de 2005, la Autoridad Intergubernamental sobre Desarrollo (IGAD) - una organización internacional compuesta por ocho países (Djibouti, Eritrea, Etiopia, Somalia, Sudan, Sudan Sur, Kenia y Uganda), con sede en Djibouti y que trata aspectos relacionados con el desarrollo en la región del Cuerno de África- aceptó oficialmente a asumir la responsabilidad de enviar una misión de paz a Somalia en nombre de la Unión Africana  y en apoyo al proceso de paz en dicho país. Dicha misión denominada IGASOM, fue también aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Originalmente IGASOM pretendía desplegar a mediados de 2005 y conseguir la estabilización del país. Inicialmente dicha propuesta contó con el apoyo de la Unión de Cortes Islámicas (UCI), pero ya a mediados de 2006 esta poderosa organización comenzó a manifestar una postura de oposición, debido a que esta percibía la iniciativa como un intento de Occidente para frenar el crecimiento del movimiento islámico.

En 2006 fuerzas etíopes entraron en Somalia en apoyo del Gobierno Federal de Transición en su lucha contra las fuerzas de la UCI, que a su vez recibía el apoyo de Eritrea, enfrentada regionalmente con Etiopia.

En marzo de 2006, el Ministro de Relaciones Exteriores de Kenia declaró que, a pesar de los esfuerzos y diversas tentativas, la IGAD no había tenido éxito en sus intentos de desplegar una misión de paz en Somalia. Este fracaso fue  el motivo por el que la Unión Africana, finalmente, tuvo que asumir la responsabilidad directa para el despliegue en Somalia de una misión de mantenimiento de la paz.

Orígenes y evolución de AMISOM

La Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) es una operación de mantenimiento de la paz de carácter regional, constituida por la Unión Africana, y que cuenta con la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que en febrero de 2007 respaldó su puesta en marcha en apoyo del Gobierno Federal de Transición (GFT) de Somalia. Dos meses más tarde, AMISOM había desplegado en Mogadiscio su primer contingente, inicialmente unos 6.000 combatientes de un total autorizado de 8.000. Debido al alcance de este estudio, el mismo se limitará a uno de los tres componentes de AMISOM, concretamente al militar (los otros dos son el policial y el civil).

La situación en Somalia a lo largo de 2007 y comienzos de 2008, era que la rama radical de UCI, Al Shabaab había conseguido sucesivas victorias militares contra las milicias regionales, tomando el control del centro y sur del país. A comienzos del año 2009, las tropas etíopes iniciaron el repliegue de sus unidades, dejando tras de sí a las fuerzas de AMISOM  como única defensa para el debilitado GFT en Mogadiscio. Esta protección se limitaba a miembros clave del Gobierno  y una serie de lugares estratégicos de la ciudad, como eran los puertos, aéreo y marítimo, el palacio residencial en Villa Somalia y el K4, nodo central de comunicaciones de la capital. Durante 2009 y 2010, en la capital de Somalia se libraron duros combates con la intención de hacerse con el control de dicha ciudad, pero ninguna de las partes, AMISOM y Al Shabaab, fue capaz de imponerse. Vista la situación de atasco operativo en la que se encontraba el conflicto, Al Shabaab intentó debilitar la determinación política ugandesa, llevando a cabo dos sangrientas acciones suicidas en Kampala en julio de 2010. Estas no alcanzaron el efecto deseado (obligar a que Uganda retirase sus fuerzas), sino el contrario; es decir, el ejército ugandés incrementó su contingente militar en Mogadiscio. Frente a un enemigo cada vez mayor y mejor organizado, Al Shabaab lanzó una gran ofensiva durante el Ramadán de 2010, pero dicha acción fue repelida por las fuerzas de AMISOM, causando un elevado número de bajas a dicha organización, marcando con ello el inicio del declive de Al Shabaab en la capital.

El contexto actual

Tras años de combate, contando con una serie de recursos y capacidades  limitadas, que han comportado un número muy elevado de bajas militares (se calcula que unas 3.000 en en el marco de la lucha contra la insurgencia islamista), los logros alcanzados por las fuerzas de AMISOM no pasan de ser considerados como unos ‘éxitos limitados’.

Al día de hoy Al Shabaab ha sido expulsada de la mayoría de los centros urbanos más importantes de las regiones  del centro y del sur de país, entre los que cabe destacar las ciudades de Mogadiscio (liberada en diciembre de 2012), Baidoa, situada en el centro-sur de Somalia, y las ciudades portuarias de Marka y Kismayo, fundamentales a la hora de conseguir fondos económicos que permitan. Esta liberación ha sido posible fundamentalmente a la acción de  AMISOM, que ha contado para ello con la actuación de las fuerzas de Etiopía, mientras que el papel desempeñado por las incipientes Fuerzas Armadas Nacionales Somalíes (SNAF) ha sido más bien discreto, debido a sus carencias. No  obstante lo anterior, Al Shabaab todavía retiene el control de amplias zonas rurales del interior, mientras que utiliza  los ataques asimétricos y la intimidación a la población local en las poblaciones que no controla, como estrategia para la consecución de sus fines.

En la actualidad las fuerzas de AMISOM están autorizadas hasta un tope de 17.731 miembros uniformados (que incluye a las fuerzas policiales), siendo los países contribuyentes Uganda (6.000), Burundi (5.400), Kenia (4.600), Yibuti (950) y Sierra Leona (850), recién incorporada, en abril de este año, al conflicto. Dichos contingentes se encuentran desplegados en cuatro sectores que abarcan el sur y centro de Somalia. El Sector 1 está compuesto por unidades de Uganda y Burundi, y comprende las regiones de Banadir, Bajo y Medio Shabelle, así como en el Sector 3, que cubre las regiones de Bay y Bakool. El Sector 2 está cubierto por las fuerzas kenianas y de Sierra Leona y comprende Gedo, Bajo y Medio Juba. Y, por último, está el Sector 4 correspondiente al contingente de Yibuti, que cubre la región Hiran, mientras que actualmente se está debatiendo la necesidad de crear un Sector 5 en la zona del importante puerto de Kismayo.

Pero en estos momentos AMISOM se encuentra con que su capacidad operativa ha alcanzado su límite y no puede continuar luchando contra Al Shabaab sin arriesgar la pérdida del control de las zonas liberadas. Por lo que el éxito militar de la AMISOM debe ser considerado aún como frágil y reversible. La estrategia de las fuerzas de la Unión Africana, consistía en disponer de las fuerzas del SNAF, que permitiesen liberar a las de la Unión Africana de tareas de protección de retaguardia y líneas de comunicaciones y, así, permitirle centrar sus fuerzas en llevar a cabo las acciones ofensivas necesarias contra los elementos de Al Shabaab. Esta pretensión ha chocado de lleno, con la realidad, la capacidad real operativa de las unidades del SNAF es muy baja, y ha hecho del todo inviable dicho propósito.

Por lo tanto AMISOM se encuentra en un momento de ‘parada operativa’, a la espera de que se le proporcionen nuevas capacidades solicitadas, como son unidades de helicópteros que aporten capacidad aeromóvil, fuerzas de operaciones especiales y batallones de infantería que le permitan continuar con las operaciones. Todo ello lógicamente, contando con que el apoyo logístico siga siendo proporcionado íntegramente por Naciones Unidas por medio de UNSOA: la Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas para AMISOM (UNSOA) es una operación de apoyo logístico a las fuerzas de AMISOM, que permite a estas llevar a cabo el mandato de la ONU.

Los contingentes de AMISOM han hecho un gran esfuerzo para ganarse la confianza del pueblo somalí, prestando servicios gratuitos a la población, como asistencia sanitaria a pacientes internos y ambulatorios, y suministro de agua potable. No obstante, en la actualidad tiene que hacer frente al problema en el que se encuentra involucrada AMISOM, como consecuencia de las acusaciones de acciones violentas contra la población civil, así como de fomento de la prostitución. Y a ello hay que sumar las acusaciones de corrupción existentes (la última y más importante de septiembre 2013  en la que fueron detenidos 24 componentes de AMISOM, pertenecientes al contingente ugandés, entre ellos el Jefe el Contingente ugandés, Brigadier Michael Ondoga, acusados ??de la venta de alimentos y combustible destinado a las tropas en el mercado negro). Todo lo cual puede llegar a traducirse en una incipiente falta de credibilidad ante la población somalí y, por tanto, la pérdida de confianza de la misma.

Conclusiones

Después de casi dos décadas de ser considerada Estado fallido, Somalia se encuentra ante una nueva situación que presenta auténticas posibilidades para sacar a flote al país, aunque los retos son enormes y requerirán de cesiones por todas las partes implicadas.

Haber alcanzado esta situación se debe en buena parte al sacrificio y esfuerzo de  las fuerzas de AMISOM, cuya evolución dependerá, en gran medida, del rumbo estratégico que las Naciones Unidas y la Unión Africana decidan para esta misión. No obstante, el actual agotamiento operativo de AMISOM, requiere de un nuevo mandato que le permita apoyar con eficacia al Gobierno Federal de Somalia (GFS) en su lucha contra Al Shabaab, quien a pesar de sus síntomas de agotamiento, parece que está intentando trasladar su santuario hacia el norte, del país, a la zona montañosa de Golis entre Somaliland y Puntland, y reforzando sus vínculos transnacionales a través de África y la Península Arábiga.

Por otra parte, AMISOM se encuentra de nuevo ante una encrucijada de carácter político, tal como ya ocurrió en el pasado. Hay que recordar la situación creada con motivo de la retirada de las tropas etíopes a principios de 2009, así como su regreso a finales de 2011. Una vez más, AMISOM tiene que adaptarse a las nuevas y distintas circunstancias.

Pero a diferencia de situaciones anteriores, en la actualidad algunos de los problemas que debe encarar AMISOM se derivan del actual contexto del conflicto, que puede considerarse como positivo. Por primera vez desde hace décadas se ha producido el nombramiento de un Gobierno Federal de Somalia, con gran apoyo popular y reconocimiento internacional (en septiembre pasado recibió en la Conferencia de Bruselas el compromiso de 1.8 billones de dólares por parte de la comunidad internacional. Al Shabaab se ha visto obligada a evolucionar hacia el empleo mayoritario de tácticas asimétricas, debido a su incapacidad para enfrentarse de manera abierta y con éxito a las fuerzas de la Unión Africana y, también, las Fuerzas de Seguridad Somalíes, con el apoyo de distintos agentes internacionales, empiezan a dar señales de una incipiente capacidad operativa.

No obstante, de cara al futuro, se hace necesario la actuación en diversas áreas. En primer lugar, le corresponde a la Unión Africana, la ONU y al Gobierno Federal de Somalia, dar forma a un nuevo mandato de AMISOM que sea eficaz a la hora de apoyar a la primera prioridad declarada por el presidente somalí, que no es otra que garantizar la seguridad en todo el país. Esto implica que AMISOM debería continuar con las operaciones ofensivas contra Al Shabaab, así como una aclaración de cómo la misión puede apoyar mejor la reestructuración y potenciación de las fuerzas de seguridad nacionales, dado que la estrategia de salida de AMISOM depende en gran medida de la capacidad de aquellas de asumir sus propias competencias.

En segundo lugar, para que AMISOM pueda salir del atasco operativo en el que se encuentra inmersa, las Naciones Unidas, la Unión Africana y la comunidad internacional deben proporcionar las capacidades que dicha fuerza necesita para poder derrotar a Al Shabaab.

Y, en tercer lugar, hay que tener en cuenta que si bien Al Shabaab ha sido derrotada en el campo de batalla y expulsada de amplias zonas del territorio somalí, habiendo perdido en gran parte el apoyo popular debido a sus atentados indiscriminados, continúa conservando el control de amplias zonas del interior. Y, sobre todo, mantiene libertad de acción y un alto grado de capacidad operativa, como se puede observar con sus últimas acciones (atentado al presidente en su desplazamiento a Marka y la acción en Nairobi). Por ello debe continuar la presión sobre la organización, tanto en el plano militar, como en el legislativo, permitiendo y facilitando que sus militantes abandonen las filas de Al Shabaab y puedan integrarse en la vida social somalí.

 

Alberto González Revuelta es Coronel de Caballería, Diplomado en Estado Mayor y Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada. Actualmente se encuentra destinado en la European Union Military Training Mission en Somalia.


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