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Japón invertirá 240.000 millones de dólares en Defensa durante los próximos cinco años con la amenaza china en mente

 

(defensa.com) Se trata de un ambicioso programa de armamento que pretende asegurar la soberanía de Japón en la región en el marco del enfrentamiento por las islas del Mar de la China Oriental que se disputan Tokio y Beijing (Senkaku para Japón, Diaoyu para China) y la declaración unilateral por parte de china de una zona de Identificación de Defensa Aérea sobre el Mar de China. Tokio da un gran paso al frente con un novedoso plan de Defensa que incrementará en un 5% su presupuesto militar en el periodo comprendido entre 2014 y 2019, hasta llegar casi a los 174.000 millones de euros.

 

El plan de adquisiciones ha sido aprobado en una reunión del gobierno, junto al Plan de Defensa Nacional y se materializa en el fortalecimiento de sus capacidades aéreas, navales y terrestres. Se van a adquirir 28 aviones de combate F-35 de Lockheed Martin y cuatro aviones de alerta temprana que se sumarán a los cuatro B-767 AEW que ya operan.

También quiere aumentar el alcance y autonomía de las patrullas de sus F-15J y F-2 mediante un segundo escuadrón de  de tres aviones de repostaje en vuelo que aumenten la autonomía y que se suman a los Boeing 767J en servicio.

Tokio quiere comprar aviones sin piloto RQ-4 Global Hawk para tener capacidad de vigilancia y reconocimiento en la zona. Podrían ser estacionados en la base de Naha en Okinawa junto a aviones de alerta aérea embarcada (AWACS).

Desde que comenzó el litigio por las islas Senkaku con China, Japón comenzó a plantearse la necesidad de disponer de fuerzas anfibias e infantería de marina capaces de desembarcar rápidamente y defender cualquier isla si fuera invadida por tropas china.

El componente naval se reforzará con dos nuevos destructores AEGIS que sumar a los cuatro que ya tiene, dotados con sistemas de defensa balística y cinco nuevos submarinos además de tres destructores compactos optimizados para aguas poco profundas.

Para esta fuerza anfibia Japón cuenta con dos cruceros portahelicópteros de la clase Hyuga, dotados de  14 helicópteros, tres buques de desembarco LST clase Oosumi y dos aerodeslizadores LCAC cada uno. Por último han preguntado a Estados Unidos (proveedor de la mayoría de sistemas mencionados) por la posibilidad de adquirir 52 vehículos anfibios AAV-7 A1 y 99 vehículos 8x8 para dotar a la futura infantería de marina. Sin embargo el AAV-7 hace años que no se fabrica, por lo que podrían proceder de vehículos almacenados y repotenciados.

Esta nueva política militar podría ser el preámbulo de la trascendental reforma constitucional que quiere llevarse a cabo el año que viene. Japón se alejaría de su tono pacifista virando hacia un modelo más beligerante de cara al exterior, algo que también incluiría el impulso que las empresas niponas de armamento tengan muchas más dificultades para exportar. El hecho es que desde 1967, Tokio tiene prohibido exportar armamento a países comunistas, a los que estén inmersos en algún tipo de conflicto internacional y a los que se encuentren bajo algún tipo de embargo decretado por Naciones Unidas. El gobierno nipón ve fundamental cambiar esta normativa si se quiere avanzar en el refuerzo y progreso de su músculo militar.

Por su parte, la respuesta por parte de Pekín no se ha hecho esperar, y ha sido el propio Ministro de Asuntos Exteriores, Hua Chunying, el que ha declarado en un acto ante la prensa de su país que estas medidas “impactarán en la seguridad regional”, además de recordar que ha sido Tokio el que históricamente ha tenido actividades “negativas” la región, por lo que la comunidad internacional debería mirar bien este nuevo plan de Defensa.

Fotografía:
El crucero portahelicópteros japonés Hyuga durante maniobras conjuntas con la US Navy (US Navy)


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