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Por cada euro invertido en Copernicus se obtiene un retorno de 10

Un informe del Instituto Europeo de Política Espacial expresa que “por cada euro gastado por los contribuyentes europeos en el programa Copernicus se obtendrá un retorno público de 10 euros”. Así lo subrayó Volker Liebig, director de programas de observación de la Tierra de la Agencia Espacial Europea (ESA) durante la sesión inaugural del Simposium internacional Living Planet que, del 9 al 13 de mayo, se celebra en Praga.

Hasta la capital de la república de Chequia se han desplazado cerca de 3.400 científicos y técnicos en teledetección de 85 países para mostrar los resultados de sus trabajos de procesamiento de datos y compartir las miles de imágenes radar y ópticas que, día tras día, envían a tierra las plataformas espaciales en órbita sobre la evolución de la superficie terrestre, los océanos, los hielos de los polos y la atmósfera.

El Simposium tiene un especial interés en poner de relieve a la comunidad internacional las ingentes cantidades de datos que, en menos de dos años, han descargado los dos primeros avanzados satélites europeos ─los Sentinel 1A y Sentinel 2A─ que integran el componente espacial del programa Copernicus, una iniciativa conjunta de la Unión Europea y la ESA para la vigilancia del medio ambiente y la seguridad.

Dotados con sofisticada tecnología radar (Sentinel 1A) y óptica (Sentinel 2A), ambos ejemplares han descargado hasta la fecha “un total 4,84 Petabits (Sentinel 1A) y 652 Terabits (Sentinel 1B)”, subrayó Liebig, lo que representa un total de 40.301 Terabits. El máximo responsable del programa Copernicus en la ESA citó un reciente informe de la publicación Research and Markets en el que se indica que “el mercado mundial de datos geoespaciales había generado en 2015 un volumen de negocio de 27.420 millones de dólares”. “Pero lo importante ─apuntó Volker Liebig─, es que se calcula que en 2020 la facturación ascenderá a 72.210 millones de dólares”.

El Simposium también está centrado en mostrar los nuevos resultados aportados por los satélites de exploración terrestre de la ESA que todavía están en órbita: SWARM, que estudia el campo magnético terrestre, CryoSat que aporta datos relevantes sobre los hielos de los polos terrestre y SMOS, que estudia la humedad del suelo y la salinidad de los océanos, y que está dotado con un instrumentos científico dotado con unos avanzados sensores desarrollados por Airbus CASA Espacio.

El español Antonio de la Fuente, responsable de operaciones de SMOS en el Centro Espacial Europeo de Frascati (Italia), aseguró a defensa.com que el satélite “tiene todavía muchos años de vida operativa”, a pesar de que se lanzó al espacio en noviembre de 2009 para medir la salinidad de los mares y la humedad de los suelos.

De la Fuente destaca que “se ha comprobado que sus aportaciones son decisivas para complementar los datos que aporta CryoSat sobre los hielos de los polos”. Resulta que los sensores de SMOS “miden mejor el espesor de los hielo hasta los 0,5 metros que los de CryoSat. Además, puede seguir la evolución de los ciclones y huracanes. Lo curioso es que para ninguna de las dos cosas fue diseñado SMOS”, subraya de la Fuente. (Juan Pons)


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